La chica del sombrero

La veía cada día.

El primer día se fijó en ella porque al llegar, después de saludar con una sonrisa, sacó un sombrero y se cubrió con él.

Era la única de todos los que estaban allí que llevaba sombrero.

Al siguiente día la vio llegar con el sombrero puesto y empezó a imaginar qué hacía allí.

Iba sola, no hablaba con nadie, miraba por la ventana, con la mirada perdida en el horizonte.

Al tercer día, después de observarla, decidió seguirla sin ninguna intención más que construir una historia acerca de ella.

Cuando llegó a la orilla, vio claramente cómo sonreía. Quiso saber qué provocaba su sonrisa, y tras unos minutos entendió que el motivo de la sonrisa era simplemente estar allí.

En ese punto, sonrió también.

R.

Una lista

Despertarte y que no importe qué hora es.

El olor a café, aunque no te guste beberlo.

El ruido de la lluvia.

El mar, siempre el mar.

Esa sonrisa. Sí, esa misma.

Una llamada inesperada de alguien de quien te has acordado hace unas horas.

Un masaje en los pies.

El mar, otra vez el mar.

Dar un abrazo de verdad.

Recibir un abrazo de verdad.

El calor del sol sobre la piel.

El olor a pan recién horneado.

Una carcajada. Una gran carcajada.

Mirarte a los ojos.

Una caricia.

Volver al mismo lugar y que nada sea igual, ni siquiera tú.

R.

Puntuación

No empezaste a escribir aquella historia como se supone que se empiezan las historias: con una mayúscula.

Empezaste con unos puntos suspensivos, esos mismos puntos que dan pie a imaginar, que no cierran puertas.

Seguiste tu relato con alguna coma, porque ibas sumando y mejorando. Y aunque la caligrafía estaba cuidada, olvidaste algun acento. Precisamente en palabras importantes, incluso en alguna entrecomillada.

Olvidaste cerrar algún paréntesis y se cayó algún punto de exclamación. Pero lo que más me llamó la atención fue que la historia no tenía punto y aparte ni punto final.

R.

Correspondencia

¡Hola! ¿Qué tal estás? Hace días que no sé nada de ti. Por aquí todo va bien, el verano ha traído luz y calor, aromas de flores y cantos de golondrinas.

Sé que estás encontracndo tu camino, y que has vuelto a escribir, y eso me gusta mucho. Me gustaría verte más a menudo, pero me conformo con saber que sigues bien.

Querida YO, no dejes de caminar siempre hacia adelante; no dejes de decir «te quiero» cada vez que lo sientas; no dejes de soñar en grande.

No dejes de contarme, de vez en cuando, qué tal te va la vida, y sobre todo, sobre todo, queridísima YO, nunca dejes de sonreir, recuerda que tu sonrisa es mágica.

Te quiere: YO

Tus ojos

¿Qué tendrán tus ojos? que son como un libro abierto cuando no encuentras las palabras

¿Qué tendrán tus ojos? que sanan mis heridas cuando me miras.

¿Qué tendrá tu mirada? que ilumina cualquier día gris y acaricia mis mejillas.

¿Qué tendrán estos ojos tuyos que no puedo dejar de leerlos, de besarlos, de mirarlos?

Mírame, no despegues tus ojos de mí porque me pierdo en ellos y me encuentro en ti.

Nina

Volver a casa

Llegas a la puerta y te detienes.

Cierras los ojos y escuchas ruidos de pasos,

Escuchas una melodía lejana,

Escuchas risas y voces suaves.

Te llega el aroma de comida servida en platos hondos.

Hueles a ropa recién planchada.

Abres los ojos y respiras. Sólo deseas abrir la puerta, escuchar pasos a la carrera y voces de alegría. Deseas ver esa sonrisa y recibir ese abrazo.

Sientes, convencido, que has llegado a casa.

R.

Apetece

Escrito en Julio de 1992:

Apetece mucho a veces

Sentir ese vacío

Uno se siente más lleno

Una vez está perdido

En esa especie de paraíso

Que se crea en uno mismo

Cuando se piensa haber crecido.

Des-Orden

Resultado de imagen de espiral

Entreabres los ojos, sigue oscuro y te das la vuelta.

Aparece una imagen, borrosa, sin luz, y te das la vuelta.

Pierdes la noción del tiempo, y vuelves a mirar, sigues ahí, todo está igual.

Buscas orden en el desorden, buscas melodía en el ruido, buscas luz en la penumbra.

Abres los ojos, estás respirando.

¿Lo ves?

Decides moverte, decides salir.

Avanzas a tientas, ¿por qué? mira adelante, sí, ahí, justo ahí.

R.

Siete lunas

La primera luna la pilló desprevenida, bailando en círculos, caminando en línea recta, abrazando las estrellas.

La segunda le tocó en el hombro y sin asustarla, le susurró al oído : «adelante»

La tercera le agarró la mano con fuerza y la llevó con ella por un sendero de paz.

La cuarta luna sólo observaba, satisfecha, su obra, su creación.

Llegó la quinta luna, como llega una bocanada de aire fresco, con música de colores, con olores y sabores.

La sexta luna trajo paz, sonrisas, miradas, recuerdos….felicidad.

Y llegó la luna número siete, como llega un huracán, moviendo todo lo que encontraba a su paso, dejando la brújula sin su norte, y le dijo: «la siguiente está por venir»