En ruta

Estoy a punto de salir. Conozco perfectamente cada curva del camino. Sé en qué momento habrá una recta. Recuerdo cada uno de los desvíos, y, sin embargo, agarro fuerte el volante porque es la primera vez. Sé dónde debo acelerar y cuándo debo frenar.

El pueblo en el que nunca había nadie parece que sigue deshabitado y el bar de los bocadillos ha cambiado de nombre. Cruzo las vías del tren, son las mismas vías, es el mismo sitio. Cierro los ojos porque sé lo que está a punto de aparecer: el semáforo que siempre cambia a rojo demasiado rápido.

¿Cómo puede ser que lo recuerde con tanto detalle si es la primera vez que paso por aquí? Sería capaz de dibujar el camino con los ojos cerrados, pero ahora no puedo cerrarlos. No quiero perderme nada. Todo es nuevo y, a la vez, todo es desconocido.

Yo no había seguido nunca esta ruta…Yo, no. Quizá alguna otra yo, tal vez en otra vida, quizá alguna vez.

Marzo 2026

Manzana

Aquella primavera la vida olía a manzana. La luz del sol era cada vez más brillante, y la temperatura cada vez más agradable, y el olor a manzana lo inundaba todo. A veces buceo en los días de paseos sin rumbo y sin horario, entre el tráfico de alguna ciudad con demasiado asfalto, demasiado ruido y demasiadas ganas. Recuerdo cómo la brisa mezclaba el olor a mar con el aroma a manzana, y cómo cerraba los ojos y escuchaba la olas rompiendo en la orilla vacía. Y recuerdo cómo la misma brisa me despeinaba, y todo a mi alrededor olía a mar, pero también olía a manzana. Y recuerdo una luna llena, una de muchas, una especial, una luna de manzana. Y después, en un día de primavera sin final, el desperatr de los sentidos en un espacio abierto, con muchos más olores, muchos sabores, y, sin embargo, mis manos seguían guardando el olor a manzana. Y mi pelo también. Y la risa también era una risa de manzana. Por muchas primaveras que hayan pasado ninguna volverá a oler a manzana, solo aquella, solo entonces, solo allí.

Marzo 2026