Quien me conoce un poco sabe que uno de mis vicios es la lectura. Leo mucho y leo rápido. Me gusta elegir el libro, observarlo, dejarme atraer por su portada o por su título, tocarlo, abrirlo por la primera página y bucear en la historia que empieza.
Esto me lleva a pensar en las palabras y en cómo el lenguaje es capaz de transformar letras en historias, en mensajes. Descubro palabras nuevas cuyo significado tengo que buscar, palabras raras que nunca habría pensado que existían.
Y, yendo más allá, existen palabras inventadas: palabras de lenguajes propios, que solo comprenden algunas personas, o quizá nadie más que tú… o que yo.
Palabras silenciadas, palabras que duelen, palabras no dichas, palabras innecesarias… Palabras oportunas, palabras sanadoras, palabras que vibran o que hacen vibrar, palabras que provocan risa o llanto, palabras que estuvieron de más… Palabras que acarician, palabras que resuenan, palabras que enamoran, palabras que lo cambian todo.
El don de la palabra: saber elegir las palabras, el momento y el tono, y cautivar a quien escucha.
Voy a seguir leyendo, a seguir escribiendo. Voy a seguir jugando con las palabras.
Abril 2026