Cine

Lucía salió de casa, como cada mañana, para ir al parque a dar de comer a las palomas. No fallaba ni un día desde que Emilio se marchó, y de eso hacía ya un tiempo. Mientras caminaba lentamente, le llamó la atención la manga de una chaqueta que sobresalía de una papelera. Se acercó y sacó la prenda. Era un chaquetón azul, estaba en buen estado, sólo un poco arrugado. Lo tomó y se lo llevó. Mientras estaba sentada en el banco del parque, examinó el chaquetón con atención. Tenía todos los botones, y el forro estaba un poco gastado, pero seguro que lo podría aprovechar después de limpiarlo. Metió la mano en un bolsillo y encontró un papelito. Era una entrada de cine. Apenas se leía el nombre de la película o la fecha. Lo que sí que se veía perfectamente era la butaca: fila 11, asiento 20.

Recordó el primer día que fue al cine con Emilio. Él la había ido a buscar al salir de la fábrica, le había llevado una margarita. Era su primera cita oficial. Recordó esa cita. Recordó el primer roce de manos en la penumbra del cine, el beso en la mejilla al llegar a la puerta de su casa y el rubor de sus mejillas cuando ella le devolvió el beso.

Recordó las risas a la orilla del río, los paseos a la luz de la luna, las historias interminables que se explicaban mientras miraban las puestas de sol desde la colina. Los sueños que dibujaban mirando el cielo, la vida que construyeron juntos con ilusión, con amor… Lucía recordó todo eso aquella mañana en el banco del parque. Una lágrima resbalaba por su mejilla, pero no era una lágrima de tristeza. Se sentía feliz por haber vivido una vida con Emilio, se sintió feliz por haber encontrado la entrada del cine y haber visto la película de su vida sentada en el asiento 20 de la fila 11.

Reencuentro

Me acerco lentamente, tímidamente. Quiero grabar en mi memoria el preciso instante en que nuestras miradas se crucen. Camino hacia ti y te acercas a mí. Me acaricias los pies, cierro los ojos y siento paz. Estoy en casa.

Seguimos jugando un rato, te acercas y te alejas. Me pierdo en el azul de tus ojos, que ahora es verde y luego gris. Y me dejo llevar. Me abrigas con tu abrazo y escucho tus susurros que se mezclan con silencios. Estabas esperándome y yo sabía que te encontraría.

Sabía que estarías ahí.

Septiembre 2020.

Mi lugar

Aprendiendo de ti. Muda al verte vacía. Triste por no poder darte consuelo. Te vas a levantar, volverá el ruido, volverá la vida. Los colores y los olores se pierden por tus calles desiertas, encontrando los rincones que siempre estuvieron allí, y que ahora están descubiertos. Ees un lienzo en blanco esperando el pincel que vuelva a pintar. Eres la partitura que espera la batuta para iniciar la sinfonía de la vida. Eres mi lugar.

Sin darte cuenta

Sin darte cuenta, es la hora de volver a casa después del trabajo y sin darte cuenta has llegado a casa, pero no recuerdas por dónde has pasado, ni con quién te has cruzado.

Sin darte cuenta ha pasado otro día, y sin apenas darte cuenta la noche araña minutos al día, y el punto por el que se esconde el sol ya no es el mismo que hace unas semanas.

Sí, porque sin darte cuenta, han pasado ya semanas, y sin darte cuenta casi ha pasado el verano.

Sin darte cuenta, los girasoles se han girado para mirarte y para llamar tu atención. ¿Cómo puedes haber pasado delante de ellos sin verlos?

Entonces, sin darte cuenta te das cuenta de que no puede ser y paras. Te detienes. Levantas la mirada y respiras profundamente. Ni siquiera te habías dado cuenta de que sigues respirando. Decides lo que vas a hacer a partir de ahora, porque no puedes dejar pasar tanta belleza; no puedes dejar pasar los minutos sin mas; no puedes dejar pasar tanto y no darte cuenta. No puedes dejar que la vida siga sin darte cuenta.

Abres los ojos, respiras, sonríes y vas a por ello, dándote cuenta de todo.

Reloj

Un pitido agudo hizo que Laura se despertara y volviera a la realidad de su habitación, de su cama. Era el despertador. Hacía tantos meses que no lo había utilizado, que apenas recordaba el sonido de la alarma. Se levantó sobresaltada y empezó su rutina matutina: desayuno, ducha… Iba con prisa, y se movía de manera automática por la casa, diciéndose a sí misma una vez más que debía dejar la ropa preparada por la noche para evitar el momento del “¿qué me pongo hoy?”

Una vez estuvo lista para salir miró el reloj de la cocina y vio de que era demasiado pronto. Le sobraba más de media hora. Se puso a reir. Sin haberse dado cuenta, el hecho de despertarse con la alarma le había hecho pensar que era tarde, pero la alarma sonó a la misma hora que ella solía despertarse. Lo que pasaba era que su reloj interno ya no necesitaba de ese pitido para dar la bienvenida al nuevo día. Su reloj interno era muy astuto.

Querida Eva

Querida Eva,

Queda nada para que nos veamos. Tengo la maleta abierta encima de la cama y no sé qué voy a poner dentro. ¡Tengo tantas ganas de verte!

Ha sido un invierno extraño, y una primavera…¿hubo primavera? Sí, la hubo. Transcurrió entre geranios rojos que florecieron en la ventana que da a la calle principal. Desde ahí veía pasar las golondrinas que, como cada año, han hecho su nido en el tejado. Ahora su canto es mi banda sonora. Hablando de banda sonora, hoy recordé la canción que bailábamos cuando tu tía nos preparaba la merienda, antes de salir corriendo hacia la piscina. Creo que voy a necesitar una dosis extra de bocadillo de chorizo, y la canción del verano a todo volumen en cualquier rincón de tu jardín.

La maleta sigue encima de la cama, abierta, vacía. En realidad lo único que voy a llevarme son las ganas enormes de darte un abrazo. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que os vimos y vamos a tener que plantearnos muy seriamente qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir.

Vuelve a ser verano y vuelvo a cerrar la maleta sin poner nada dentro. Cuento los minutos que faltan para vernos y me acabo de descontar.

No importa, nos vemos en breve, nos vemos por fin.

El Robabesos

Tenía un don y se dedicaba a perseguir a las personas que caminaban con la cabeza agachada mirando al suelo. Se acercaba a ellos y cuando levantaban la mirada, ¡zas! les daba un beso.

Se ganó algún que otro bofetón, pero la mayoría de la gente, para su sorpresa, acababan riéndose.

No iba a poder ser su profesión. Ser Robabesos era solo una afición, un reto, pero sobre todo una práctica que muchos otros empezaron a imitar. De ahí salieron Robaabrazos, Robasonrisas y Robacosquillas.

Mirar

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Miro a mi alrededor y todos hacemos lo mismo … con la boca tapada, nos miramos.

Los que no lo hicieron nunca van a tener que mirar a los ojos de la gente por primera vez. Van a ver la expresión en miradas que habían pasado desapercibidas y van a descubrir mundos increíbles, historias hermosas… personas.

Y se van a dar cuenta del poder de una mirada. Seguramente entenderán que se puede sonreír, pedir perdón, ilusionar, decir sin hablar, y ver todo eso también en la mirada de los otros. Se van a ver reflejados en ellas y ya no va a importar lo que digan los labios. Los cruces de miradas van a ser nuestro nuevo idioma. 

Se escucha un silencio intenso y mis pasos resuenan sobre el asfalto mojado. sonrío pensando en ello y levanto la mirada. Nadie habla. Nos miramos. Cada cual lleva su intención, siente su curiosidad, vive su historia. Nos miramos, nos hablamos, nos decimos, nos comprendemos…

Un guión

Vas a escribir un gotasguión con historias de princesas que no saben ni reír ni llorar, princesas que solamente quieren soñar. Empiezas inventando palabras, y emprendes un viaje con destino a lo desconocido, sin expectativas, sin juicios, con curiosidad.

Recorres con el dedo el mapa que dibujan las gotas de lluvia sobre el cristal, ese mismo mapa que se vuelve fugaz, y sigues hacia cualquier dirección, preguntándote cómo huele el frío, de dónde viene el viento, y dónde acaba el mar. Y cuando alcanzas el primer cruce de caminos, cierras los ojos, pisas los charcos, saltas en ellos y te dejas llevar.

Quieres sin querer, y de lo que estás seguro es que tu guión no va a terminar en drama, porque no bajarás el telón sin haber dibujado una sonrisa en el rostro de las princesas de esta historia.

Si…. no…(2)

Sí a cerrar los ojos, ver esa llama, y respirar.

Sí a perder el miedo a salir, a sentir a través del cristal, a ver la vida pasar encima de un arco iris.

Sí a quedarte en casa, a recogerte entre cojines de plumas, a leer frases perdidas, a encontrar versos escondidos.

No, a temer a lo desconocido, a esconderse y hablar bajito.

No, a quedarse quieto, a esperar inmóvil, a no reaccionar.

Sí a respirar, sí a moverse, sí a sentir, sí a recordar que todo pasa, que todo nos enseña si queremos aprender.