Manzana

Aquella primavera la vida olía a manzana. La luz del sol era cada vez más brillante, y la temperatura cada vez más agradable, y el olor a manzana lo inundaba todo. A veces buceo en los días de paseos sin rumbo y sin horario, entre el tráfico de alguna ciudad con demasiado asfalto, demasiado ruido y demasiadas ganas. Recuerdo cómo la brisa mezclaba el olor a mar con el aroma a manzana, y cómo cerraba los ojos y escuchaba la olas rompiendo en la orilla vacía. Y recuerdo cómo la misma brisa me despeinaba, y todo a mi alrededor olía a mar, pero también olía a manzana. Y recuerdo una luna llena, una de muchas, una especial, una luna de manzana. Y después, en un día de primavera sin final, el desperatr de los sentidos en un espacio abierto, con muchos más olores, muchos sabores, y, sin embargo, mis manos seguían guardando el olor a manzana. Y mi pelo también. Y la risa también era una risa de manzana. Por muchas primaveras que hayan pasado ninguna volverá a oler a manzana, solo aquella, solo entonces, solo allí.

Marzo 2026

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