Empezaba a otoñear y ya hacía días que tenía que haber nacido, pero se resistía a salir. En aquellos tiempos no se sabía con precisión la fecha de embarazo. Y aquel sábado, con Nino Bravo cantando «América, América» empezaron los dolores de parto. Mal. La cosa iba muy mal y alguien debía decidir si los médicos salvaban a la madre o a la hija. Decidieron que a la madre. Nunca se lo ha reprochado a nadie. Y como está aquí, quiere decir que alguien se ocupó de ella, una enfermera en prácticas la reanimó. Esperaban que fuese un niño, incluso tenían el nombre, pero fue una niña, y eso, en el primer momento, causó cierto rechazo. El mismo día en que se inauguraba la Ópera de Sidney ella llegó al mundo y aquí sigue, dando guerra por muchos años más.