¿Dónde queda?

¿Dónde quedan las palabras que no se dicen? ¿Y dónde quedan las que se pronuncian, las que se escriben, las que se besan? ¿Dónde quedan?

¿A dónde van las preguntas que no haces, que se quedan ahogadas, escondidas, agachadas?

¿A dónde van las promesas que nunca vas a poder cumplir porque el destino ha decidido cambiar de rumbo y dejarlas apagadas, y no darte esa oportunidad?

¿Dónde quedan las primaveras, y los veranos que dibujabas en un lienzo de cariño, en un lienzo donde esa misma historia ahora escribe puntos suspensivos? ¿Dónde van esos puntos suspensivos, que poco a poco van desapareciendo y dejan intuir un punto final?

¿Dónde quedan los sueños por cumplir, la vida por vivir, el camino por andar?

¿Dónde queda aquel paseo…dónde quedará esta primavera en la que han florecido los aromas de nostalgia, las flores de la melancolía?

¿Dónde quedas tú?

 

 

 

Comienzo

Sí, comienzo, aunque sea el penúltimo día del año. Porque tendemos a hablar de finales, de cerrar etapas, y no nos planteamos que son inicios, cambios, oportunidades…

Es tiempo de balances y propósitos porque el calendario nos dice que se cierra el año, y eso significa, en teoría, que se cierra un ciclo.

Solía hacer balances muy completos hace años, lo he recordado estos días revisando notas y diarios: la canción del año, la película del año, la frase, la fecha… Cada 30 o 31 de diciembre hacía una lista y me obligaba a recordar y darme cuenta de cuántas vivencias caben en 365 días.

Este año no será menos. No haré una lista, pero sí que en mi balance hay de todo. Una montaña rusa de emociones, sentimientos, situaciones y vivencias.

¿Para el próximo año? Un único propósito y un deseo firme (no puedo evitar recordar la frase que dice: vigila con lo que deseas 🙂 )que debería ser común a todos: SER FELIZ. Sonreír y reir mucho, vivir, sentir y poder compartirlo con las personas que más quiero. Suena típico, pero es lo que más deseo de verdad. A parte de ello, evidentemente otros deseos y propósitos: despertar con el sol calentando mis mejillas, ver el horizonte y perderme más allá, porque en ese punto hay magia, y sentir esa magia también.

Es un comienzo, no es un final, es un lienzo en blanco en el que escribir un capítulo más.

Feliz año nuevo.

R.