Querida Eva,
Queda nada para que nos veamos. Tengo la maleta abierta encima de la cama y no sé qué voy a poner dentro. ¡Tengo tantas ganas de verte!
Ha sido un invierno extraño, y una primavera…¿hubo primavera? Sí, la hubo. Transcurrió entre geranios rojos que florecieron en la ventana que da a la calle principal. Desde ahí veía pasar las golondrinas que, como cada año, han hecho su nido en el tejado. Ahora su canto es mi banda sonora. Hablando de banda sonora, hoy recordé la canción que bailábamos cuando tu tía nos preparaba la merienda, antes de salir corriendo hacia la piscina. Creo que voy a necesitar una dosis extra de bocadillo de chorizo, y la canción del verano a todo volumen en cualquier rincón de tu jardín.
La maleta sigue encima de la cama, abierta, vacía. En realidad lo único que voy a llevarme son las ganas enormes de darte un abrazo. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que os vimos y vamos a tener que plantearnos muy seriamente qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir.
Vuelve a ser verano y vuelvo a cerrar la maleta sin poner nada dentro. Cuento los minutos que faltan para vernos y me acabo de descontar.
No importa, nos vemos en breve, nos vemos por fin.


En la orilla de un mar nuevo, con aromas desconocidos pero con una brisa familiar.