Querida Eva

Querida Eva,

Queda nada para que nos veamos. Tengo la maleta abierta encima de la cama y no sé qué voy a poner dentro. ¡Tengo tantas ganas de verte!

Ha sido un invierno extraño, y una primavera…¿hubo primavera? Sí, la hubo. Transcurrió entre geranios rojos que florecieron en la ventana que da a la calle principal. Desde ahí veía pasar las golondrinas que, como cada año, han hecho su nido en el tejado. Ahora su canto es mi banda sonora. Hablando de banda sonora, hoy recordé la canción que bailábamos cuando tu tía nos preparaba la merienda, antes de salir corriendo hacia la piscina. Creo que voy a necesitar una dosis extra de bocadillo de chorizo, y la canción del verano a todo volumen en cualquier rincón de tu jardín.

La maleta sigue encima de la cama, abierta, vacía. En realidad lo único que voy a llevarme son las ganas enormes de darte un abrazo. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que os vimos y vamos a tener que plantearnos muy seriamente qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir.

Vuelve a ser verano y vuelvo a cerrar la maleta sin poner nada dentro. Cuento los minutos que faltan para vernos y me acabo de descontar.

No importa, nos vemos en breve, nos vemos por fin.

El Robabesos

Tenía un don y se dedicaba a perseguir a las personas que caminaban con la cabeza agachada mirando al suelo. Se acercaba a ellos y cuando levantaban la mirada, ¡zas! les daba un beso.

Se ganó algún que otro bofetón, pero la mayoría de la gente, para su sorpresa, acababan riéndose.

No iba a poder ser su profesión. Ser Robabesos era solo una afición, un reto, pero sobre todo una práctica que muchos otros empezaron a imitar. De ahí salieron Robaabrazos, Robasonrisas y Robacosquillas.

Mirar

mouth_smile_PNG42

Miro a mi alrededor y todos hacemos lo mismo … con la boca tapada, nos miramos.

Los que no lo hicieron nunca van a tener que mirar a los ojos de la gente por primera vez. Van a ver la expresión en miradas que habían pasado desapercibidas y van a descubrir mundos increíbles, historias hermosas… personas.

Y se van a dar cuenta del poder de una mirada. Seguramente entenderán que se puede sonreír, pedir perdón, ilusionar, decir sin hablar, y ver todo eso también en la mirada de los otros. Se van a ver reflejados en ellas y ya no va a importar lo que digan los labios. Los cruces de miradas van a ser nuestro nuevo idioma. 

Se escucha un silencio intenso y mis pasos resuenan sobre el asfalto mojado. sonrío pensando en ello y levanto la mirada. Nadie habla. Nos miramos. Cada cual lleva su intención, siente su curiosidad, vive su historia. Nos miramos, nos hablamos, nos decimos, nos comprendemos…

Un guión

Vas a escribir un gotasguión con historias de princesas que no saben ni reír ni llorar, princesas que solamente quieren soñar. Empiezas inventando palabras, y emprendes un viaje con destino a lo desconocido, sin expectativas, sin juicios, con curiosidad.

Recorres con el dedo el mapa que dibujan las gotas de lluvia sobre el cristal, ese mismo mapa que se vuelve fugaz, y sigues hacia cualquier dirección, preguntándote cómo huele el frío, de dónde viene el viento, y dónde acaba el mar. Y cuando alcanzas el primer cruce de caminos, cierras los ojos, pisas los charcos, saltas en ellos y te dejas llevar.

Quieres sin querer, y de lo que estás seguro es que tu guión no va a terminar en drama, porque no bajarás el telón sin haber dibujado una sonrisa en el rostro de las princesas de esta historia.

Si…. no…(2)

Sí a cerrar los ojos, ver esa llama, y respirar.

Sí a perder el miedo a salir, a sentir a través del cristal, a ver la vida pasar encima de un arco iris.

Sí a quedarte en casa, a recogerte entre cojines de plumas, a leer frases perdidas, a encontrar versos escondidos.

No, a temer a lo desconocido, a esconderse y hablar bajito.

No, a quedarse quieto, a esperar inmóvil, a no reaccionar.

Sí a respirar, sí a moverse, sí a sentir, sí a recordar que todo pasa, que todo nos enseña si queremos aprender.

Desierto

Las calles se vacían, las luces se encienden, el tiempo se para. Si vieses ahora en qué se ha convertido la ciudad que recorriste de norte a sur, si pudieras estar aquí ahora, un minuto, un segundo, escuchando el silencio de esta ciudad desierta, tal vez me dirías que ya lo sabías.

Es una guerra sin bombas, es un viaje a un lugar mejor, es un alto en el camino para que cada cual haga su metamorfosis. Si pudieses verlo y decirnos ahora qué sientes, seguramente se dibujaría una sonrisa en tu cara.

Nos dirías que cerremos los ojos, y escuchemos. Escuchemos el silencio, escuchemos las golondrinas que ajenas a todo, han vuelto de su viaje… que nos escuchemos. Y haciéndote caso, también se dibuja la sonrisa en nuestro rostro. Parar, y observar la ciudad tras el cristal, como hacías tú cuando no podías salir. Parar, y permitirnos sentir. Parar y ver que el viaje merece la pena, parar.

Y seguramente también nos dirías que seamos pacientes, porque cuando la ciudad vuelva a despertar, la primavera ya estará aquí, y la naturaleza es tan sabia y generosa que nos dará la bienvenida sin rencor, y que cuando llegue ese día salgamos a bailar, a gritar, a sentir, a abrazar. Ese día va a llegar, y cuando sea el momento, levantaremos la mirada para enviarte un guiño y un beso y darte las gracias por estar siempre ahí.

Gracias.

Silencio

En la orilla de un mar nuevo, con aromas desconocidos pero con una brisa familiar.

Sintiendo la arena bajo mis pies, poniendo puntos suspensivos, levantando la mirada para ver esa cometa volar.

El silencio me habla, escucho el ruido de las olas del mar y sólo es la melodía del viento entre las palmeras.

Me lleno los sentidos de ti. Te respiro hasta ahogarme, te bebo hasta saciarme, te miro hasta quedar hipnotizada por tu luz. Y quiero tocarte hasta que mis dedos queden impregnados de ti.

Acaricio una nube, y mirando hacia afuera me doy cuenta de que estoy soñando, y de que lo que me rodea no es vacío, es un espacio por llenar.

 

 

 

 

Tic, tac…

Tic tac, tic tac,… el día araña minutos a la noche.

Tic tac, tic tac, … no llegas a tiempo para la salida del vuelo con destino alguna parte.

Tic tac, tic tac,… apaga la alarma, que hoy es festivo.

Tic tac, tic tac, … cuento hasta tres y ya no me ves.

Tic tac, tic tac, … escucho la lluvia, el viento y … un trueno.

Tic tac, tic tac, … ¿me oyes? Silencio.

Tic tac, tic tac, … sonrío y me pierdo.

Tic tac, tic tac, … el tiempo avanza,

Tic tac, tic tac,… empieza la cuenta atrás.

Sí…..No… (1)

No leas el final de los libros, te vas a perder el camino.

No digas lo que no piensas, lo que no sientes, porque luego, te arrepientes.

Pon un «sí» porque merece la pena, porque deseas hacerlo.

Sí a ese rayo de luz que brilla en pleno invierno.

Sí a tu canción favorita, la que cantas sin parar.

Sí a ser tú, y a ser yo, y a ser nosotros y caminar por este cuento que se llama vida.

No engañes, ni te engañes, lo acabarás pagando caro.

No te rindas, no esperes.

Sí a soñar, sí a vivir, sí a sentir.

Sí a las risas que curan, a las risas de verdad.

Si a saber pedir perdón, sí a perdonar.

Sí….

R.

Aquella mujer

Escrito en Noviembre de 1992:

Se fijó en aquella mujer del otro banco. Su cara arrugada, su frente, sus manos. Toda ella daba la sensación de haber vivido mucho, y de haber sufrido también.

Cuando levantó los ojos vio su tristeza, la añoranza de otros tiempos. Le sonrió y su sonrisa fue una invitación, un aliento, una esperanza. Esa noche soñó con aquellos ojos grises, con aquellas arrugas tan bellas.

Al día siguiente volvió. La misma mujer, el mismo banco, el mismo vestido. Volvió a mirarla, volvió a sonreir y se acercó a ella. Le habló de su juventud, de otros tiempos, de sus ilusiones y desilusiones, de sus alegrías y de sus fracasos. Sus ojos grises brillaban como perlas negras, por la edad, por los recuerdos. Sus manos estaban entre las manos arrugadas pero firmes. Tras la historia el consejo, la experiencia, la vida.

Se siguieron los días. Cada uno era distinto, cada día era nuevo, una nueva historia, un capítulo nuevo, como el cuento de una vida. Cada día aprendía algo, cada día le daba menos miedo crecer.

Pero aquel día, de lluvia como el día de «su» boda, no vino; ni al siguiente. En el mismo banco intentaba imaginar nuevas historias, pero faltaban su voz y el calor de sus manos.

Comprendió lo que había pasado, pero no quería admitirlo. Tanta vida no podía morir. Solo podía estar en otro banco haciendo crecer a alguien más, viviendo en su pasado y muriendo poco a poco, contando su vida con una sonrisa en los labios.