Lo mismo

Sabía lo que me ibas a decir antes de que empezaras a hablar, y sabía lo que iba a pasar antes de que te movieras. ¿Y sabes por qué lo sabía? Porque siempre es igual.

Otra vez lo mismo. Ya sé lo que vas a decir, cómo lo vas a decir y con qué tono. Y entonces finjo interés y me esfuerzo para que no notes que me aburro… que hace tiempo que me aburres.

Es como una coreografía sin música: repetitiva, insistente, agotadora, aprendida, vacía… La bailo por inercia porque no hay improvisación, ni novedad, ni sorpresa.

Parece un diálogo aprendido en el que tú dices «a» y yo respondo «b». Todo es tan previsible que cansa. Me cansa. Me canso.

Necesito otra cosa.

Necesito chispa, novedad, cambio. Necesito respirar.

Quiero otras historias, quiero sorprenderme —que me sorprendas—, quiero interesarme —que me intereses— quiero reír.

Y me estoy cansando. Me da pereza verte y escucharte. No quiero que nos pase esto, no quiero esta monotonía. Me agota tener que preparar un discurso, tener que interpretar un papel cada vez que estoy contigo. Me da pereza, y ya no me apetece. Y, además, no nos lo merecemos.

Hay silencios. Y luego están esos otros silencios: los incómodos, los que pesan, los vacíos.

No quiero esto. Necesito soltar un poco la cuerda, desprenderme de todo esto, y contigo tan cerca me ahogo. Siento que ya cumpliste tu misión conmigo y yo la mía contigo, y te doy las gracias por haber estado. Pero esta distancia emocional no puede traernos nada bueno por eso es mejor que lo sepas cuanto antes.

Me voy a alejar. No por ti sino por mi. Estaré bien, solo necesito echarte de menos. Y tal vez quien no me eche de menos seas tú; tal vez fui yo quien te aburrió, quien se apagó, quien puso esta distancia entre los dos. Tal vez mi apatía también te contagió.

Sea como sea, pase lo que pase… nunca volverá a ser lo mismo.

Octubre 2025