Caer

A punto de caer, o casi cayendo, que viene a ser lo mismo. No había piedra, no había obstáculo, no había nada. Sin embargo, he perdido el equilibrio. Busco donde agarrarme, busco un anclaje, pero todo apunta a que esta vez voy a caer. Cierro los ojos, me conecto conmigo, busco en mi cabeza todo aquello que aprendí: inhalar, uno dos, exhalar, uno dos tres. Repito una vez más. Y siento. Siento que no hace falta agarrarse siempre, que no es necesario buscar apoyo, que si caigo tampoco pasa nada porque me volveré a levantar. Entonces, me dejo caer. No tengo fuerzas. Caigo y digo «Hola suelo, aquí estoy, me voy a quedar un ratito contigo, en nada me levanto.»

Mayo se va

Estoy lloviendo

Photo by Aleksandar Pasaric on Pexels.com

Me gusta conducir, me gusta cada vez más. Hace años que conduzco y cada vez que me subo al coche para viajar, para hacer un trayecto un poquito largo, pienso «Me iría al fin del mundo, entraría por caminos y rutas por las que no he pasado nunca y me dejaría llevar». Y hoy lo he hecho. Además, sin que haya pasado nada especial, circulando por una carretera con curvas, ilusionada con mi viaje, contemplando un paisaje precioso, he empezado a llover. No me he dado cuenta enseguida. He notado que se me ponía un nudo en la garganta, que se me empezaban a empañar los ojos, y he parado el coche. Me he dicho «Estoy lloviendo». Me he sentido llover. No era tristeza, no era dolor. No he sabido ponerle nombre porque ha sido algo nuevo. Y la primera cosa que he pensado, la expresión que se acerca más a lo que he sentido ha sido «Estoy lloviendo». ¡Qué bien me ha sentado llover un rato antes de volver a ponerme al volante y continuar con mi viaje! Tal vez vuelva a llover algún día, o tal vez no. Quizás mi lluvia me acompañará en la próxima ruta.

Mayo lluvioso