Llevamos un año juntos, llevas un año dentro de mi. Aquella mañana de invierno nada ni nadie podía pensar que nos íbamos a encontrar, yo la que menos. Hacía mucho frío, había nubes y hielo. Sí, el hielo nos unió, ¡y de qué manera! No lo vi, como no suelen verse las cosas importantes, las que nos sorprenden. No lo vi, solo sentí. Recordándolo ahora, creo que hubo un momento de oscuridad, como si alguien hubiese apagado la luz, y cuando volvió la luz, todo se aceleró en mi cabeza. Ahí, en ese preciso momento, ni siquiera sospeché que ibas a llegar a mi vida. Lo primero que sentí fue un pinchazo. Sí, el primer sentimiento fue de dolor. Luego apenas podía mirarte, aún no sé por qué, me dabas mucho respeto, me provocabas cierto rechazo. Pero pronto entendí que no habías venido a desmontar nada, comprendí que ibas a estar conmigo mucho tiempo, para siempre, y tal vez eso era lo que me causaba respeto, el «para siempre». Tenía que mirarte, tenía que sentirte, tenía que aceptar que habías llegado para quedarte. Tuvimos muy poco tiempo para conocernos, me hiciste reaccionar rápido a tu llegada, no tuve mucha elección.
Me has enseñado tanto… O quizás debería decir que he aprendido tanto desde que apareciste en mi vida. Eres mi mano derecha, así, tal cual. Y mi mano izquierda también te da las gracias, porque la hiciste protagonista, porque pudo salir de su casi anonimato y tomar las riendas. Empezamos nuestra historia con todos los ingredientes para que dure toda la vida: respeto, aceptación y confianza. Cuando te miro y veo la fina línea que nos separa sonrío, y acaricio la señal de nuestra unión. Me siento feliz por el camino que hemos hecho durante este año, por todo el tiempo que llevamos compartiendo experiencias, sensaciones, situaciones… Porque han cambiado muchas cosas, porque has venido a darme lecciones, porque me he podido reconciliar conmigo, incluso porque a veces vuelves a hacerme sentir el pinchazo, llamando mi atención, diciéndome «sigo aquí».
Te agradecí y te sigo agradeciendo que estés aquí. Te agradeceré siempre todo lo que hemos vivido y seguiremos viviendo. Ahora sé que me avisarás antes de que llueva, o antes de que nieve. Que me harás una señal cuando mi mano izquierda, nuestra querida mano izquierda, necesite tomar las riendas de nuevo, aunque solo sea por segundos. Feliz primer cumpleaños.
Enero 2023
