Una curva

Cada vez que tomaba ese camino se paraba en la misma curva. La primera que vez se detuvo en aquel lugar lo hizo para tomar aire, sin apreciar demasiado el paisaje ni aquello que le rodeaba. La segunda vez que recorrió aquel camino, fue consciente de esa curva, de la magia que envolvía ese sitio y se paró de nuevo. Puso a trabajar todos los sentidos, observando cada detalle, tomado aire, una vez más, antes de seguir el camino. Y las siguientes veces el destino dejó de tener importancia. Lo verdaderamente importante era llegar a esa curva, recorrerla arriba y abajo, mirar a izquierda y derecha, escuchar, respirar, y entender que sin esa curva, su viaje dejaba de tener sentido.

Marzo 2021

Deja un comentario