Reloj

Un pitido agudo hizo que Laura se despertara y volviera a la realidad de su habitación, de su cama. Era el despertador. Hacía tantos meses que no lo había utilizado, que apenas recordaba el sonido de la alarma. Se levantó sobresaltada y empezó su rutina matutina: desayuno, ducha… Iba con prisa, y se movía de manera automática por la casa, diciéndose a sí misma una vez más que debía dejar la ropa preparada por la noche para evitar el momento del “¿qué me pongo hoy?”

Una vez estuvo lista para salir miró el reloj de la cocina y vio de que era demasiado pronto. Le sobraba más de media hora. Se puso a reir. Sin haberse dado cuenta, el hecho de despertarse con la alarma le había hecho pensar que era tarde, pero la alarma sonó a la misma hora que ella solía despertarse. Lo que pasaba era que su reloj interno ya no necesitaba de ese pitido para dar la bienvenida al nuevo día. Su reloj interno era muy astuto.

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