Sin darte cuenta

Sin darte cuenta, es la hora de volver a casa después del trabajo y sin darte cuenta has llegado a casa, pero no recuerdas por dónde has pasado, ni con quién te has cruzado.

Sin darte cuenta ha pasado otro día, y sin apenas darte cuenta la noche araña minutos al día, y el punto por el que se esconde el sol ya no es el mismo que hace unas semanas.

Sí, porque sin darte cuenta, han pasado ya semanas, y sin darte cuenta casi ha pasado el verano.

Sin darte cuenta, los girasoles se han girado para mirarte y para llamar tu atención. ¿Cómo puedes haber pasado delante de ellos sin verlos?

Entonces, sin darte cuenta te das cuenta de que no puede ser y paras. Te detienes. Levantas la mirada y respiras profundamente. Ni siquiera te habías dado cuenta de que sigues respirando. Decides lo que vas a hacer a partir de ahora, porque no puedes dejar pasar tanta belleza; no puedes dejar pasar los minutos sin mas; no puedes dejar pasar tanto y no darte cuenta. No puedes dejar que la vida siga sin darte cuenta.

Abres los ojos, respiras, sonríes y vas a por ello, dándote cuenta de todo.

Reloj

Un pitido agudo hizo que Laura se despertara y volviera a la realidad de su habitación, de su cama. Era el despertador. Hacía tantos meses que no lo había utilizado, que apenas recordaba el sonido de la alarma. Se levantó sobresaltada y empezó su rutina matutina: desayuno, ducha… Iba con prisa, y se movía de manera automática por la casa, diciéndose a sí misma una vez más que debía dejar la ropa preparada por la noche para evitar el momento del “¿qué me pongo hoy?”

Una vez estuvo lista para salir miró el reloj de la cocina y vio de que era demasiado pronto. Le sobraba más de media hora. Se puso a reir. Sin haberse dado cuenta, el hecho de despertarse con la alarma le había hecho pensar que era tarde, pero la alarma sonó a la misma hora que ella solía despertarse. Lo que pasaba era que su reloj interno ya no necesitaba de ese pitido para dar la bienvenida al nuevo día. Su reloj interno era muy astuto.