Desierto

Las calles se vacían, las luces se encienden, el tiempo se para. Si vieses ahora en qué se ha convertido la ciudad que recorriste de norte a sur, si pudieras estar aquí ahora, un minuto, un segundo, escuchando el silencio de esta ciudad desierta, tal vez me dirías que ya lo sabías.

Es una guerra sin bombas, es un viaje a un lugar mejor, es un alto en el camino para que cada cual haga su metamorfosis. Si pudieses verlo y decirnos ahora qué sientes, seguramente se dibujaría una sonrisa en tu cara.

Nos dirías que cerremos los ojos, y escuchemos. Escuchemos el silencio, escuchemos las golondrinas que ajenas a todo, han vuelto de su viaje… que nos escuchemos. Y haciéndote caso, también se dibuja la sonrisa en nuestro rostro. Parar, y observar la ciudad tras el cristal, como hacías tú cuando no podías salir. Parar, y permitirnos sentir. Parar y ver que el viaje merece la pena, parar.

Y seguramente también nos dirías que seamos pacientes, porque cuando la ciudad vuelva a despertar, la primavera ya estará aquí, y la naturaleza es tan sabia y generosa que nos dará la bienvenida sin rencor, y que cuando llegue ese día salgamos a bailar, a gritar, a sentir, a abrazar. Ese día va a llegar, y cuando sea el momento, levantaremos la mirada para enviarte un guiño y un beso y darte las gracias por estar siempre ahí.

Gracias.

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