La chica del sombrero

La veía cada día.

El primer día se fijó en ella porque al llegar, después de saludar con una sonrisa, sacó un sombrero y se cubrió con él.

Era la única de todos los que estaban allí que llevaba sombrero.

Al siguiente día la vio llegar con el sombrero puesto y empezó a imaginar qué hacía allí.

Iba sola, no hablaba con nadie, miraba por la ventana, con la mirada perdida en el horizonte.

Al tercer día, después de observarla, decidió seguirla sin ninguna intención más que construir una historia acerca de ella.

Cuando llegó a la orilla, vio claramente cómo sonreía. Quiso saber qué provocaba su sonrisa, y tras unos minutos entendió que el motivo de la sonrisa era simplemente estar allí.

En ese punto, sonrió también.

R.

Una lista

Despertarte y que no importe qué hora es.

El olor a café, aunque no te guste beberlo.

El ruido de la lluvia.

El mar, siempre el mar.

Esa sonrisa. Sí, esa misma.

Una llamada inesperada de alguien de quien te has acordado hace unas horas.

Un masaje en los pies.

El mar, otra vez el mar.

Dar un abrazo de verdad.

Recibir un abrazo de verdad.

El calor del sol sobre la piel.

El olor a pan recién horneado.

Una carcajada. Una gran carcajada.

Mirarte a los ojos.

Una caricia.

Volver al mismo lugar y que nada sea igual, ni siquiera tú.

R.