Puntuación

No empezaste a escribir aquella historia como se supone que se empiezan las historias: con una mayúscula.

Empezaste con unos puntos suspensivos, esos mismos puntos que dan pie a imaginar, que no cierran puertas.

Seguiste tu relato con alguna coma, porque ibas sumando y mejorando. Y aunque la caligrafía estaba cuidada, olvidaste algun acento. Precisamente en palabras importantes, incluso en alguna entrecomillada.

Olvidaste cerrar algún paréntesis y se cayó algún punto de exclamación. Pero lo que más me llamó la atención fue que la historia no tenía punto y aparte ni punto final.

R.

Correspondencia

¡Hola! ¿Qué tal estás? Hace días que no sé nada de ti. Por aquí todo va bien, el verano ha traído luz y calor, aromas de flores y cantos de golondrinas.

Sé que estás encontracndo tu camino, y que has vuelto a escribir, y eso me gusta mucho. Me gustaría verte más a menudo, pero me conformo con saber que sigues bien.

Querida YO, no dejes de caminar siempre hacia adelante; no dejes de decir «te quiero» cada vez que lo sientas; no dejes de soñar en grande.

No dejes de contarme, de vez en cuando, qué tal te va la vida, y sobre todo, sobre todo, queridísima YO, nunca dejes de sonreir, recuerda que tu sonrisa es mágica.

Te quiere: YO